Fue ayer cuando en un arranque de valentía le
anuncié a Paulina mi intención. ¡Que valiente! Cuanta inconsciencia. Eso sí,
antes de las doce de la noche me fumé un último cigarrito.
Apenas llevo cuatro horas despierto y puedo jurar
que hace dos que empezó a saltarme el mono encima de los hombros. La mañana se
mueve lenta, oleosa, como el alquitrán que tanto están echando de menos mis
pulmones. No paro de decirme a mí mismo, la ansiedad dura un par de minutos,
resiste, resiste, cada vez que siento la necesidad de buscar un cigarro y un
encendedor. Y el primer día no es el peor, ni mucho menos, lo sé por
experiencias anteriores. Varias son las veces en las que he dejado de fumar,
varias también las veces que he recaído (obviamente), siempre he conseguido
alejarme bastante tiempo, seis meses, un par de años. No voy a pecar de fanfarrón
(no ahora mismo), diciendo que esta vez será para siempre, no lo sé. Lo que si
haré esta vez, será dejar constancia de mis experiencias, cada vez que el mono
se vuelva insoportable dejaré constancia aquí de lo mal que lo estoy pasando.
Lo primero que me dijo Paulina (mi novia) y que
me conoce bastante bien, fue; dejar de fumar no significa dejar de comprar y
pedir un cigarrito a tus amigos fumetas. También me cuestiono lo acertado de
estas fechas para dejarlo. Pero yo que soy testarudo, que prefiero sufrir a dar
mi brazo a torcer, no he querido ni plantearme cuánta razón encerraban sus
palabras.
Por supuesto nada mejor que un poco de masoquismo, a falta de humo real, pues aspiraré el virtual.
Estupenda iniciativa, desde aquí te traslasdo ánimos virtuales. Los reales te los daré más tarde. Espero que no recaigas pero, si lo haces, me siento orgullosa de que hayas tenido la iniciativa, al menos, de querer cambiar las cosas. Seguro que lo acabas logrando, en esta ocasión o en venideras.
ResponderEliminar