lunes, 30 de julio de 2012

Empezamos...

Fue ayer cuando en un arranque de valentía le anuncié a Paulina mi intención. ¡Que valiente! Cuanta inconsciencia. Eso sí, antes de las doce de la noche me fumé un último cigarrito.
Apenas llevo cuatro horas despierto y puedo jurar que hace dos que empezó a saltarme el mono encima de los hombros. La mañana se mueve lenta, oleosa, como el alquitrán que tanto están echando de menos mis pulmones. No paro de decirme a mí mismo, la ansiedad dura un par de minutos, resiste, resiste, cada vez que siento la necesidad de buscar un cigarro y un encendedor. Y el primer día no es el peor, ni mucho menos, lo sé por experiencias anteriores. Varias son las veces en las que he dejado de fumar, varias también las veces que he recaído (obviamente), siempre he conseguido alejarme bastante tiempo, seis meses, un par de años. No voy a pecar de fanfarrón (no ahora mismo), diciendo que esta vez será para siempre, no lo sé. Lo que si haré esta vez, será dejar constancia de mis experiencias, cada vez que el mono se vuelva insoportable dejaré constancia aquí de lo mal que lo estoy pasando.
Lo primero que me dijo Paulina (mi novia) y que me conoce bastante bien, fue; dejar de fumar no significa dejar de comprar y pedir un cigarrito a tus amigos fumetas. También me cuestiono lo acertado de estas fechas para dejarlo. Pero yo que soy testarudo, que prefiero sufrir a dar mi brazo a torcer, no he querido ni plantearme cuánta razón encerraban sus palabras.
Por supuesto nada mejor que un poco de masoquismo, a falta de humo real, pues aspiraré el virtual.

1 comentario:

  1. Estupenda iniciativa, desde aquí te traslasdo ánimos virtuales. Los reales te los daré más tarde. Espero que no recaigas pero, si lo haces, me siento orgullosa de que hayas tenido la iniciativa, al menos, de querer cambiar las cosas. Seguro que lo acabas logrando, en esta ocasión o en venideras.

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