jueves, 16 de agosto de 2012

El craving que no cesa.

Pasas un día como el de ayer, en el que no te apeteció fumar ni una sola vez, no te apetece después de desayunar, no te apetece después de comer, no te apetece con el café de la tarde y no te apetece después del sexo. Y piensas que lo tienes controlado que tras dos semanas y media el "mono", craving, síndrome de abstinencia, o como quieran llamarlo, ya se ha ido y te ha dejado. Y entonces el día siguiente es hoy, y tienes unas ganas terribles de fumar, sientes la boca seca y pastosa, la ansiedad se concentra en la mitad de tu pecho y es como si tus pulmones no se llenasen completamente cada vez que aspiras aire. Lo más fácil sería darse por vencido, tirar la toalla y decir "hasta aquí llegué", pero sé perfectamente que tirar la toalla me haría sentir fatal, mi autoestima se resentiría, además hay pequeños trucos para controlar estos minutos de ansiedad; beber agua a pequeños sorbos, cambiar inmediatamente de actividad, inspirar profundamente por la nariz, expirar por la boca. Prueba lo que sea, salvo cambiar el tabaco por caramelos, o chicles, no cambies un vicio por otro, porque será más fácil volver a caer.
Pero también hay cosas positivas, he recuperado el paladar (aunque tengo que controlar mi nuevo apetito, o me pondré enorme), he recuperado mucho olfato (aunque comienzas a darte cuenta de lo mal que huele mucha gente por la mañana en el transporte público), subo cuestas empinadas y no siento ganas de escupir mis pulmones al terminar, ahora corro cuatro kilómetros diarios y me siento genial, como he aumentado mucho el consumo de agua, mi piel está más hidratada, comienzan a desaparecer las manchas amarillas de fumador de mis dedos.
Aún así, si pudiese viajar atrás en el tiempo y encontrarme con el yo de 21 años, que dio su primera calada a un cigarrillo, le daría una hostia que lo tumbaría de espaldas.

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